Hagamos una prueba rápida. ¿Cuántos sentidos básicos tenemos al nacer? Nómbralos. ¿Es uno... dos... cuatro? Estoy seguro de que todos estamos de acuerdo en que la respuesta es CINCO. Estos cinco sentidos son la VISTA, el OÍDO, el GUSTO, el TOCO y el OLFATO.
Si tuvieras que sacrificar cuatro de estos cinco sentidos básicos, ¿cuáles conservarías? La mayoría de la gente conservaría el sentido de la VISTA. Sin embargo, en muchas ocasiones, tratamos este tesoro tan valioso con demasiada ligereza. El valor de nuestra vista es incalculable.
El ojo es como una cámara. El ojo también tiene una lente. El ojo está compuesto por la retina, el iris, la córnea y los nervios ópticos. Estas partes del cuerpo humano, de una manera casi sobrenatural, coordinan sus actividades para transmitir impulsos al cerebro. Estos impulsos proporcionan la visión, el milagro del color, la percepción y la capacidad de aprender. El ochenta por ciento de todo lo que aprendemos nos llega a través de la vista y el uso de los ojos.
Es de sentido común cuidar bien los ojos, pero a veces los descuidamos. Hay ocasiones en las que nos entra suciedad en los ojos a pesar de llevar protección ocular. Por ejemplo, cuando nos entra una viruta de metal en los ojos. Si alguna vez te encuentras con este problema, no te asustes y no te toques el ojo. Asegúrate de llevar siempre contigo un eje nuevo y limpio y una punta de atornillador, y si acercas la punta del atornillador a los ojos mientras los tienes abiertos. El imán de la punta retirará la viruta de metal, evitando daños en el globo ocular. Si te entra yeso o polvo en los ojos, no te asustes ni te toques los ojos. Asegúrese de enjuagarse los ojos durante 10 a 15 minutos con agua limpia y de informar a su supervisor de cualquier incidente menor. La mayoría de los empleados llevan gafas de seguridad en el momento del accidente, pero, por desgracia, las llevan en la frente y no sobre los ojos.
Lo irónico de todo esto es que la mayoría de la gente también tiene gafas de sol molonas y las protege con estuches para evitar que se rayen, cuando lo que deberían proteger son sus ojos. Qué triste que algo que se puede valorar en dólares y centavos merezca la pena proteger, pero la vista siempre se dé por sentada.